#Córdoba La química saca los colores a la escultura clásica romana

SevillaMusArqS17 01

By No machine-readable author provided. Lobillo assumed (based on copyright claims). [Public domain], via Wikimedia Commons

A simple vista, las grandes estatuas romanas que llenan las calles de roma, los museos arqueológicos de media Europa y siguen apareciendo en los yacimientos arqueológicos del territorio que ocupó el antiguo Imperio son de un blanco casi inmaculado. Así llevan siglos presentándose ante los ojos de quienes han querido mirarlas con más o menos pasión. Los artistas renacentistas las idolatraron y considerado un ejemplo de virtuosismo artístico. El arte clásico fue considerado la esencia del genio humano. Miguel Ángel creó su David y su Piedad imitando a los escultores griegos y romanos, tallando en la inmaculada piedra dos de las grandes obras de la Historia Universal del Arte. Se le olvidada, sin embargo, un detalle. Las estatuas romanas no fueron blancas en su origen, estaban laboriosamente pintadas de vivos colores aunque ni los ojos de los renacentistas ni de cualquier persona del año 2017 sea capaz de verlos.

Así lo han sospechado durante décadas los arqueólogos y así lo ha demostrado recientemente la ciencia. Uno de los últimos trabajos en este sentido ha sido el publicado por un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba en el Instituto de Química Fina y Nanoquímica integrado por los profesores José Rafael Ruiz Arrebola y César Jménez Sanchidrián y los investigadores Daniel Cosano Hidalgo y Laura Dara Mateos Luque en la revista Microchemical Journal, en la que constatan la existencia de pigmentos de amarillo, azul y rojo en tres grandes estatuas aparecidas en el yacimiento arqueológico de Torreparedones (Baena, Córdoba), cuyas excavaciones dirige el profesor Carlos Márquez.

Para sacar los colores a las esculturas, el equipo de la UCO, perteneciente al Departamento de Química Orgánica, ha recurrido a la espectrometría Raman, consistente en irradiar la muestra con un láser y medir la luz dispersada, correlacionando el número de onda de dicha luz dispersada con diferentes enlaces químicos que hacen posible determinar la naturaleza del pigmento empleado en la pintura.

Según detallan en el artículo, para conseguir conocer los colores concretos que adornaron las vestimentas de los emperadores Augusto y Claudio y la que posiblemente representara a Livia, esposa del primero de ellos, los investigadores de la UCO calibraron el espectrómetro de acuerdo con los materiales que se pensaba que eran utilizados para colorear este tipo de estatuas. Tras someter las tres esculturas a este análisis, los investigadores concluyeron que los artistas de la Bética emplearon el oxihidróxido de hierro (goethita) para conseguir el amarillo, el óxido de hierro (hematites) para el rojo y el “azul egipcio”, un pigmento conocido desde la antigüedad, sintetizado a base de arena silícea, calcita y cobre.

El virtuosismo de aquellos antiguos pintores de estatuas no se limitó a emplear los colores planos, sino que los mezclaron con carbonato y fosfato cálcico y sulfatos para matizarlos, logrando diferentes tonalidades y dotando a sus esculturas de una profundidad, que, si se hubieran conservado, probablemente hubieran impresionado como hizo todo su arte a los renacentistas.

Más información en la Universidad de Córdoba.

#Córdoba: Los nanotubos de carbono encuentran la forma de controlar el deterioro de las grandes obras públicas

Ciencia Andaluza
Puente – pixabay

 

Cada vez que concluye la obra de una nueva infraestructura pública y una vez superados los fastos de las inauguraciones, se corta la cinta y se marchan los fotógrafos, comienza el trabajo silencioso de los técnicos encargados de evaluar el estado del nuevo puente, presa o carretera. Las obras públicas, más o menos faraónicas, requieren un control permanente que garantice su conservación a lo largo del tiempo.

Actualmente, esa evaluación se realiza a través de sensores externos que monitorizan la salud estructural de las construcciones tomando medidas de vibraciones y aceleraciones y comparándolas con modelos teóricos que permiten simular el comportamiento de la estructura ante la acción de cargas. Ese sistema de control exige tiempo -el de los técnicos encargados de tomar las medidas- y dinero -el empleado en la tecnología de sensores necesaria-. Para reducir uno y otro, el equipo de investigación TEP 167 “Mecánica de sólidos y estructuras” de la Universidad de Córdoba, en el que participan investigadores de la UCO y las Universidades de Málaga, Granada y Sevilla, ha abierto una nueva línea de investigación avalada por un  proyecto nacional concedido por el Ministerio de Economía y Competitividad con la que pretenden diseñar nuevos sensores que puedan ser introducidos en los propios materiales con los que se construyen las nuevas infraestructuras.

La idea es generar compuestos de base cemento (cemento, mortero u hormigón), adicionados con nanotubos de carbono para mejorar tanto su resistencia como sus propiedades eléctricas. De esta forma y al introducir los nanotubos en los elementos estructurales de las construcciones, como las vigas, se logra abrir canales de comunicación dentro de la nueva infraestructura. Esta idea se puede asemejar a la función que desarrollan, por ejemplo, los microchips de las mascotas, es decir, ofreciendo información desde dentro del cuerpo, en este caso, de la obra pública. Son lo que se conoce como Smart Structures o estructuras inteligentes. Para conseguirlo, el equipo de investigación que lidera el profesor Rafael Castro ha echado mano de la nanotecnología, concretamente, de los nanotubos de carbono y su extraordinaria capacidad conductiva, diseñando cubos de unos 50 mm de lado para ser integrados en estructuras constituidas por hormigón estructural.

 

Más información en la Universidad de Córdoba.

#Córdoba Nanopartículas de carbono y enzimas para conocer la contaminación de los ríos

Guadalquivir
Río Guadalquivir a su paso por Córdoba (España).
Guadalquivir River
Autor:Rafaelji. Fotografía digital tomada el 22 de junio de 2004.
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:R%C3%ADo_Guadalquivir_Cordoba.jpg CC

Hace dos años, la Academia de Ciencias Americana hacía saltar las alarmas. Un informe elaborado por científicos alemanes advertía desde las páginas de una de las revistas más prestigiosas del sector, la que edita la propia academia, que los gobiernos habían subestimado la contaminación por pesticidas de los ríos. La propia Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) habla de la amenaza para la supervivencia de importantes ecosistemas y para la salud humana y la Unión Europea hace años que cambió su normativa sobre uso de productos fitosanitarios para evitar, entre otros efectos, el deterioro de los ríos. El control de la calidad de las aguas resulta fundamental para activar los protocolos que minimicen los efectos de la posible contaminación y para eso se necesitan métodos de análisis que acorten el tiempo que transcurre entre la sospecha y la confirmación de la contaminación.

En este sentido, uno de los últimos números de la revista Sensors and Actuators B:Chemical ha publicado un trabajo de las investigadoras Sandra Benítez y Encarnación Caballero y el catedrático recientemente jubilado Miguel Valcárcel Cases, todos del Departamento de Química Analítica de la Universidad de Córdoba en el que presentan una nueva herramienta para el control de contaminación de los ríos. Se trata de una plataforma nanosensora  que combina por primera vez nanopartículas de carbono, concretamente los puntos quánticos de grafeno, con enzimas con el objetivo de provocar la reacción adecuada con un tipo de pesticida, el fenoxicarb, y facilitar su identificación  y cuantificación en medio acuático. Según explica Valcárcel, “desde el punto de vista básico, la aportación de la enzima es clave, ya que existen muy pocos antecedentes bibliográficos de esta aproximación novedosa. No cabe duda que se  abre el camino a muchísimas otras aplicaciones con fines de extracción de información.”Las pruebas se han desarrollado en laboratorio, pero según demuestran en su investigación el sistema cuenta con un elevado grado de sensibilidad, selectividad, sencillez, rapidez y reproducibilidad. “Estas características tan favorables son muy poco habituales en la mayoría de los nanosensores descritos hasta la fecha”, señala Valcárcel, que destaca el hecho de que son pocas las experiencias previas que hayan combinado enzimas y grafeno a escala nanométrica para conseguir test rápidos y fiables  de control de aguas contaminadas.

Más información en la Universidad de Córdoba.

 

 

 

#Córdoba: Tuya y aligustre ayudan a reducir la virulencia de los incendios forestales en áreas semipobladas

FloweringLigustrumLucidumTreeALIGUSTRE

By Taken by Fanghong (Own work) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html), CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/) or CC BY 2.5 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.5)], via Wikimedia Commons

Veinticuatro meses de trabajo y dos veranos a más de 40 grados han pasado los integrantes del equipo de investigación AGR 221 Silvopacicultura para probar cuáles son las especies más adecuadas para reducir la virulencia con la que los incendios forestales amenazan a las zonas de viviendas repartidas por el monte. Esas urbanizaciones, que a menudo ocupan los titulares cuando sus habitantes se ven obligados a ser evacuados, han sido estudiadas con minuciosidad por los ingenieros e investigadores de la UCO, que sin la espectacularidad de los bomberos, trabajan en la extinción de las llamas a base de matemáticas y ciencia. Concretamente, los profesores de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes (ETSIAM) de la Universidad de Córdoba Juan Ramón Molina, Francisco Rodríguez y Silva y Miguel Ángel Herrera y el investigador Teodoro Martín han calculado cuánto tardan en empezar a arder y cuánto tiempo mantienen la llama las 18 especies más utilizadas en el paisajismo de las urbanizaciones; las han comparado y han llegado a la conclusión de que son la tuya y el aligustre las plantas que cualquier persona propietaria debería emplear en los setos de sus viviendas si quiere mitigar los impactos de las llamas sobre sus viviendas.

Los resultados obtenidos por los investigadores de la Universidad de Córdoba son trasladables a todo el área mediterránea donde el diseño de jardines es bastante similar, según explica Juan Ramón Molina, que advierte que dado el protocolo de actuación en la extinción, que prioriza las viviendas sobre el monte, así como el incremento de la virulencia de incendios relacionado con el cambio global, la prevención en los entornos urbanizados es fundamental para conseguir que una vez que suenen las sirenas y lleguen los bomberos a la zona, se puedan dedicar todos los recursos posibles a salvar la vegetación natural y no sólo la que adorna las casas.

Más información en la Universidad de Córdoba.

 

#Córdoba localiza el anfiteatro romano de Torreparedones gracias a las últimas técnicas de fotografía aérea

Torreparedones, esculturas foro
By Rafael Jiménez from Córdoba, España (Torreparedones: esculturas foro) [CC BY-SA 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)], via Wikimedia Commons

Escondido entre miles de archivos digitales del Instituto Geográfico Nacional de España y sin mover un solo centímetro cúbico de tierra, el equipo de investigación ‘Antiguas Ciudades de Andalucía’ de la Universidad de Córdoba ha conseguido localizar el anfiteatro de la ciudad romana que albergó el actual yacimiento de Torreparedones, ubicado en los términos municipales de Baena y Castro del Río.

Sabían que existía. Al final y al cabo era lo habitual en ciudades del tamaño y relevancia económica de aquella. Sabían que debía estar situado en alguno de los dos extremos de la ciudad por las que llegaban las vías principales de acceso, documentadas por los arqueólogos en los últimos años. El problema era dar con él sin levantar el terreno o sin invertir demasiado tiempo y dinero en catas a veces infructuosas. Por eso, uno de los investigadores del grupo, el profesor Antonio Monterroso Checa recurrió al ordenador antes que al pico y pala. Concretamente, el equipo de la Universidad de Córdoba que desde 2006 excava este yacimiento rastreó en el Plan Nacional de Ortofotografía (PNOA) del Instituto Geográfico Nacional de España, que en la última década ha fotografiado mediantes vuelos LiDAR (Laser Imaging Detection and Ranging) todo el territorio peninsular. Buscó las coordenadas de Torreparedones y observó el terreno hasta dar con la “mancha” sospechosamente elíptica bajo la que consideraban probable que estuviera el anfiteatro.

El hallazgo ha sido confirmado a lo largo de los últimos cinco meses mediante la utilización de diferentes metodologías de análisis de imagen en dos y tres dimensiones. Una de las imágenes del PNOA tomada en plena primavera de 2009 dejaba ver incluso las marcas del graderío gracias a la diferencia entre el vigor de la hierba y cultivos de las zonas abiertas del anfiteatro y la debilidad de las zonas donde se alzarían los grandes muros de piedra. El hallazgo de los arqueólogos de la Universidad de Córdoba ha sido reforzado gracias a la prospección geomagnética realizada por el Instituto Andaluz de Geofísica de la Universidad de Granada por encargo del Ayuntamiento de Castro del Río.

Estos resultados, publicados ayer en la revista Mediterranean Archaeology and Archaeometry y presentados públicamente en el Rectorado de la Universidad de Córdoba esta mañana, servirán para activar las excavaciones que deberían sacar a la luz el edificio. Las dimensiones del anfiteatro oscilan en torno a los 70 metros de eje mayor y los 62 de eje menor, unas proporciones similares a los anfiteatros de Segóbriga, Saelices (Cuenca) o Contributa Iulia (Badajoz). Así lo ha explicado Monterroso en su presentación en el Rectorado, donde ha lanzado como hipótesis de datación el siglo II d.C. y dnde Cristina Mata, segunda teniente de alcalde del Ayuntamiento de Baena, y el alcalde Castro del Río, José Luis Caravaca, se han comprometido a trabajar conjuntamente para facilitar los trabajos de investigación arqueológica para recuperar el anfiteatro.

El rector de la UCO, José Carlos Gómez Villamandos, se ha felicitado por el papel jugado por la Universidad en la valorización del yacimiento de Torreparedones, “contribuyendo a la transición hacia una economía basada en el conocimiento en una zona tan necesitada de nuevas oportunidades como es la provincia de Córdoba”.

Más información en la Universidad de Córdoba.

 

#Córdoba Una técnica analítica permite caracterizar las bacterias responsables del aroma del queso

 

Ciencia Andaluza
Queso

 

Cada español consume en casa casi 8 kilos de queso al año. La cifra, reflejada en el último informe de Consumo de alimentación en España publicado por el Ministerio de Agricultura al año, es equivalente al consumo de carne de vacuno y ovino de cada español, lo que sitúa al queso en un lugar relevante de la pirámide alimentaria en España. Sin embargo, los hábitos de consumo dicen que a los españoles nos gusta el queso menos que a los europeos –Pirineos arriba se consumen casi 17 kilos al año-, pero sobre todo dicen que somos amigos de los quesos suaves. Concretamente, el 31% del consumo de queso en los hogares corresponde a la variedad de fresco; el 21% al semicurado; el 12% al queso fundido y al curado, apenas un 5%.

El aroma resulta fundamental a la hora de elegir un queso, por eso la industria lleva décadas ensayando en su producción cómo conseguir ajustar el sabor y el olor de sus productos al gusto de los consumidores, adaptando la microbiota de sus quesos y empleando las bacterias ácido lácticas más eficaces para cada producto. Es lo que hacían hace siglos los maestros queseros sin saber una letra de microbiología confiando a la diversidad de especies de bacterias el resultado de su trabajo, con menos garantías sanitarias y resultados a veces “odoríficamente complicados”.
La química analítica ha encontrado una fórmula para facilitar la caracterización de los quesos sin riesgos sanitarios y de una manera más eficaz. Se trata de un nuevo sistema que permite diferenciar distintos tipos de bacterias en función de los compuestos orgánicos volátiles (el aroma) que producen cuando actúan sobre las proteínas de la leche, sin necesidad de realizar cultivos durante días.

Concretamente, el trabajo publicado por la revista Food Chemistry del que son autores los profesores de la Universidad de Córdoba Luis Medina y Lourdes Arce y de la Escuela Superior Politécnica Superior de Chimborazo (Ecuador) e investigadora en formación de la UCO Janneth María Gallegos Núñez ha empleado  la técnica de Espectrometría de Movilidad Iónica (IMS) para caracterizar la actividad de cuatro cepas diferentes de bacterias lácticas, las más populares en la producción de quesos: Lactobacillus  casei, Lactobacillus paracasei subsp.paracasei, Lactococcus  lactis subsp.lactis y Lactococcus lactis cremoris. Estas bacterias ofrecen la posibilidad de enriquecer el aroma y la diversidad de productos lácteos actuando sobre la caseína y, sobre todo, sobre la lactosa, que es al final la responsable de la producción de los ácidos, y otros compuestos que otorgan a los quesos sus aromas característicos.  Además la técnica contribuye a buscar en el ambiente bacterias que por  su aroma sean de interés para la tecnología lechera.

Más información en la Universidad de Córdoba

#Córdoba El diseño de nuevos materiales emplea nanopartículas junto a moléculas con alta capacidad de autoensamblado que imitan la formación de membranas celulares

Colloidal nanoparticle of lead sulfide (selenide) with complete passivation
By Zherebetskyy [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

Una investigación de las Universidades de Córdoba, Complutense de Madrid y Münster encuentra la forma de producir nuevas estructuras artificiales a partir de nanopartículas de oro con características similares a las membranas que cubren las células
Desde que Prometeo modeló a los hombres a partir de un poco de barro después de su enésima bronca con Zeus y el doctor Frankenstein –el moderno Prometeo como lo llamó su autora Mary Shelley- trató de imitarlo intentando devolver la vida a un cadáver a base de corrientes eléctricas, la ficción no ha cesado en su intento de presentar relatos más o menos verosímiles en los que el ser humano consigue por fin dominar la vida. Quizás sin intención de dominarla, pero sí de imitarla, la ciencia ha buscado en la biología algunas de las soluciones a muchos de los problemas planteados, sin mayor pretensión metafísica que emular determinados procesos naturales útiles para el desarrollo de la misma ciencia o la tecnología.
Con esa intención, un equipo de investigación de las Universidades de Córdoba, Complutense de Madrid y Münster (Alemania) ha propuesto una combinación de nanopartículas metálicas y moléculas orgánicas que imitan el proceso bioquímico que permite la formación de las membranas celulares. Los resultados han sido publicados en la revista Journal of the American Chemical Society, y su innovación radica en el autoensamblaje de las nanopartículas mediante la asociación de moléculas sintetizadas con este objetivo. Utilizando un estímulo mecánico sobre las nanopartículas, en este caso presión en dos dimensiones, los investigadores han conseguido que éstas repliquen el proceso bioquímico de las membranas dando logar a la formación de nuevas microestructuras.
El profesor Juan José Giner, investigador del programa ‘Ramón y Cajal’ en la Universidad de Córdoba y el Instituto Universitario de Investigación en Química Fina y Nanoquímica, comenta los resultados de este trabajo de investigación básica con respecto al desarrollo de nuevos materiales o tecnologías. “La formación de membranas celulares no es un proceso bioquímico cualquiera; es además un paso crucial en el origen de la vida, en el que la maquinaria bioquímica se incluye dentro de un contenedor y comienza a replicarse”, describe Giner, que aclara que estos resultados son fruto de un año de trabajo conjunto de los autores del artículo, que esperan seguir profundizando en esta línea de investigación.
El diseño de nuevos materiales ha posibilitado en la última década importantes avances tecnológicos en ámbitos tan diferentes como la electrónica, la biomedicina o la construcción. Desde hormigones con mayor capacidad aislante a válvulas cardíacas, medicamentos o tejidos impermeables, la nanotecnología ha facilitado materiales que han revolucionado algunos de esos sectores productivos. En la Universidad de Córdoba, la investigación relacionada con la nanotecnología es desarrollada por los investigadores del Instituto Universitario de Química Fina y Nanoquímica creado en 1994.

#Córdoba: Agrónomos de la UCO diseñan un sistema para ajustar la dosis de plaguicidas en el olivar

Ciencia Andaluza
Ciencia Andaluza

‘Nunca es mal año por mucho trigo’, dice el refranero agrícola y explica el Instituto Cervantes que en el campo siempre se ha entendido que “la abundancia de cosas útiles no causa perjuicio”. Esa premisa ha presidido las labores agrícolas durante siglos. Así si había que abonar o tratar cualquier enfermedad, mejor pecar por exceso que por defecto. Para combatir insectos, roedores, gusanos, hongos o malas hierbas no convenía ser cicateros. Y así, con el argumento de la efectividad, se estigmatizó como tacaños a quienes trataron de poner algo de sentido al uso de plaguicidas. Un pecado, el del exceso, que ha llevado a la agricultura a pagar una penitencia en forma de contaminación ambiental, que las administraciones tratan de frenar con una dura normativa que regule el uso de este tipo de productos en la agricultura.

Así, en la UE están regulados el tipo de productos y el manejo de los mismos gracias a un cuerpo legislativo que obliga, por ejemplo, a controlar el estado de las máquinas utilizadas por los agricultores a la hora de tratar las enfermedades de sus cultivos y a etiquetar correctamente aclarando la dosis máxima de producto permitida. No obstante, uno de los mayores retos es el de adaptar la dosis de los productos a la morfología de los árboles. El sector fitosanitario apoya el uso de  estándares para calcular los volúmenes de líquido a pulverizar con sus productos. Lo hacen utilizando cálculos geométricos que tienen en cuenta parámetros geométricos propios de los cultivos en seto o espaldera, muy útiles a las necesidades del norte y centro de Europa pero que no resultan eficaces en el caso de los cultivos frutales mediterráneos donde, a diferencia de lo que ocurre en aquellas latitudes, los árboles mayoritariamente se plantan de forma aislada.
Por eso, investigaciones como la desarrollada por el grupo de “Mecanización y Tecnología Rural” de la Universidad de Córdoba, en colaboración con la unidad de Mecanización Agraria de la¿qué Universidad es?, están logrando un importante impacto en el ámbito científico y en el agronómico. Concretamente, el grupo que dirige el profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes Jesús Gil Ribes ha logrado determinar la relación óptima entre el volumen de producto aplicado y la geometría de los árboles para el olivar, evitando el cálculo hecho por los agricultores sin  base científica o técnica.  Para conseguirlo, los investigadores Jesús Gil, Gregorio Blanco, Antonio Miranda, Andrés Cuenca y Alberto Godoy se centraron en el volumen de copa de los árboles. Ensayaron con seis volúmenes diferentes en el laboratorio (figura 1) y seleccionaron los tres que dieron los mejores resultados para llevarlos al experimento de campo (figura 2). Utilizando trazadores –colorantes para ver hasta dónde llegaba el producto- y volúmenes de aplicación diferentes concluyeron que la relación más adecuada, la que logra una mayor cobertura, homogeneidad,  penetración en el árbol y reducción de la dosis, es de 0,12 litros por cada metro cúbico de copa. Los resultados fueron publicados en la revista Science of The Total Enviroment y están siendo transferidos al sector agroalimentario –tanto a los fabricantes de  equipos como a los olivareros-. Al fin y al cabo, el uso de productos fitosanitarios supone entre el 10 y el 15 por ciento de los costes totales de cualquier explotación agrícola, y todo lo que suponga ahorrar económica y ambientalmente acabará registrado como beneficio que, como ya se sabe, “moneda ahorrada, moneda ganada”.
Miranda-Fuentes A, Llorens J, Rodríguez-Lizana A, Cuenca A, Gil E, Blanco-Roldán GL, Gil-Ribes J. ‘Assessing the optimal liquid volume to be sprayed on isolated olive trees according to their canopy volumes’. Sci Total Environ. 2016 Oct 15; 296-305. 2016 Jun 11.

‘Nunca es mal año por mucho trigo’, dice el refranero agrícola y explica el Instituto Cervantes que en el campo siempre se ha entendido que “la abundancia de cosas útiles no causa perjuicio”. Esa premisa ha presidido las labores agrícolas durante siglos. Así si había que abonar o tratar cualquier enfermedad, mejor pecar por exceso que por defecto. Para combatir insectos, roedores, gusanos, hongos o malas hierbas no convenía ser cicateros. Y así, con el argumento de la efectividad, se estigmatizó como tacaños a quienes trataron de poner algo de sentido al uso de plaguicidas. Un pecado, el del exceso, que ha llevado a la agricultura a pagar una penitencia en forma de contaminación ambiental, que las administraciones tratan de frenar con una dura normativa que regule el uso de este tipo de productos en la agricultura.

 

Más información en la Universidad de Córdoba.

 

 

#Córdoba Buscan el camino para borrar alteraciones en el ADN de las células tumorales

Ciencia Andaluza
ADN

La complejidad del interior de las células parece no tener límites. Y sin embargo, cada día, la comunidad científica logra dar un paso más. Desde que a mediados del siglo XIX se lograra por primera vez aislar el ADN, la Biología Molecular y la Genética no han parado de ofrecer nuevos datos que permiten ir entendiendo los procesos que ocurren en el núcleo de las células y que determinan la vida. Hace décadas que los investigadores fijaron su atención en los daños que sufre el ADN y cómo se las apaña la célula para repararlos.

Uno de los caminos, ampliamente descritos por el grupo de investigación BIO301 “Epigenética y reparación de ADN” de la Universidad de Córdoba, es la reparación por escisión de bases, que consiste, simplificando, en la eliminación de la parte dañada y su sustitución por una parte intacta. Este “recambio” es en realidad un complejo proceso bioquímico natural que no sólo repara daños, sino que también borra ciertas “etiquetas” químicas usadas por las células para “apagar” genes cuando estos no son necesarios. Cuando las células etiquetan erróneamente los genes equivocados pueden volverse cancerosas. Cómo conseguir dirigir artificialmente ese proceso de borrado natural conocido como desmetilación para volver a “encender” genes “apagados” es el objetivo del nuevo proyecto del equipo que dirigen los profesores María Teresa Roldán y Rafael Rodríguez de la Universidad de Córdoba, que el Gobierno central ha apoyado financiándolo dentro de la convocatoria de Proyectos de I+D+i de Excelencia del Ministerio de Economía y Competitividad.

Para conseguirlo, el equipo de la UCO estudiará cómo dirigir las desmetilasas, enzimas responsables del proceso, hacia los genes que interese reactivar utilizando un sistema de guiado basado en la metodología CRISPR-Cas9, descubierta gracias a un trabajo pionero iniciado por el alicantino Francisco J.M.  Mojica hace más de 20 años y que le ha valido esta semana el Premio Frontera del Conocimiento de la Fundación BBVA. El respaldo a esta investigación básica se explica por las evidentes posibilidades que puede tener el hecho de dirigir un proceso natural como el de la escisión de bases. Poder controlar la expresión de unos genes o el silencio de otros ayudaría al desarrollo de terapias más efectivas que ayuden a frenar los procesos tumorales. Y no es la única aplicación.

Más información en la Universidad de Córdoba.

Foto Pixabay

Sin Ciencia no hay futuro. Defiende la Ciencia Andaluza #CienciaAndaluza

 

Ciencia Andaluza: Zumo de naranja y dos bacterias específicas producen beneficios en la salud

Ciencia Andaluza
Zumo de naranja – Pixabay

Investigadores del IFAPA, en el Centro Alameda del Obispo (Córdoba), en colaboración con la Universidad de Lleida y la Universidad estadounidense de California, han demostrado la capacidad de dos tipos de bacterias de transformar los antioxidantes presentes en el zumo de naranja.

Concretamente, los expertos cordobeses han concluido que las bacterias Bifidobacterium longum y Lactobacillus rhamnosus, presentes de forma natural en el tracto intestinal, transforman los antioxidantes del zumo de naranja, llamados flavanonas, en moléculas más sencillas. Estos compuestos son responsables de las propiedades beneficiosas para la salud de este jugo.

Estos productos de transformación de los antioxidantes del zumo en el organismo se detallan en el artículo ‘Catabolism of citrus flavanones by the probiotics Bifidobacterium longum and Lactobacillus rhamnosus’, publicado por la revista European Journal of Nutrition. Según los autores del estudio, resulta de gran interés para la industria alimentaria, ya que estos dos tipos de bacterias probióticas servirán para la creación de alimentos funcionales o productos farmacéuticos que persigan mejorar la absorción de los antioxidantes en el organismo y potenciar sus efectos protectores de la salud.

Existen investigaciones que demuestran los efectos positivos del consumo de naranjas o zumo de naranja sobre enfermedades crónicas como enfermedades cardiovasculares y cáncer, propiedades atribuidas fundamentalmente a su composición rica en antioxidantes. Además, existen evidencias científicas que demuestran el papel tan importante que juega la microflora intestinal en la absorción y asimilación de estos compuestos. Por tanto, el conocimiento de qué bacterias están implicadas en la transformación, absorción y asimilación de los antioxidantes de la naranja es de suma importancia”, explica a la Fundación Descubre Gema Pereira Caro, investigadora del IFAPA y autora del artículo.

Para más información, visite la fuente de la noticia: Remedios Valseca / Fundación Descubre

Sin Ciencia no hay futuro. Defiende la Ciencia Andaluza #CienciaAndaluza